Algo que me hace ruido (en Chile), y que hasta hoy me impresiona, es cómo normalizamos la pérdida de talento

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04 de diciembre, 2025

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Educación
Pablo Hormazábal

Para Pablo Hormazábal, Ingeniero Comercial, el antes y después de su camino profesional lo marcaron los datos que descubrió haciendo su tesis sobre los predictores de ingreso a la universidad y los resultados de la PSU. “Siempre me ha gustado mucho leer informes de resultados, aunque suene bien fome”, dice entre risas. Revisando lecturas quiso analizar los resultados hacia atrás, por ejemplo, del Simce de una misma generación. “Empecé a ver cosas tan interesantes como cuánto afecta la cantidad de palabras y libros que hay en una casa para el desarrollo de las niñas y niños, y que estaría el mito de que habría diferencias en el peso o la altura que afectan y no es así. El desarrollo educativo tiene todo que ver con el entorno, entonces me obsesioné”, recuerda.

Hoy es Director Ejecutivo de la Corporación Formando Chile, entidad autónoma que se moviliza por derribar la actual desigualdad de oportunidades, involucrándose en el proceso educativo de los estudiantes, a través de la promoción de vínculos significativos en las comunidades de aprendizaje.

¿Cómo te marcó esa experiencia de la tesis? 

No lograba entender esto de que el talento y el esfuerzo no eran suficientes, siempre me comió mucho la cabeza. ¿Por qué hay estudiantes en Chile muy talentosos, con mucha capacidad y compromiso, pero que el contexto es tan fuerte  que no logran desarrollar todo su potencial? Otra cosa que me hacía mucho ruido, y que hasta hoy me impresiona, es cómo normalizamos la pérdida de talento. Incluso desde un punto de vista utilitario, con lo complejo que es encontrar talentos y con todo lo que implica, por qué estamos dispuestos a perder a personas muy talentosas y no les damos todas las herramientas para encauzar esos talentos.

Fueron esas reflexiones las que lo impulsaron a hacer clases y luego de terminar la universidad entró al programa Enseña Chile. “Para mí en esa experiencia hay un foco clave en el desarrollo de talentos porque era, y soy, un convencido de que está distribuido en todos lados, pero no así las oportunidades. Sentí que podía aportar con hartas ganas como profesor, que es un rol clave y fundamental”, recuerda.

Allí estuvo dos años y luego de sentir que ese ímpetu de explotar los talentos muchas veces choca con un sistema que complejiza o le pone freno esas oportunidades “decidí trabajar en gestión de comunidades educativas, que es donde estoy hoy. La Corporación Formando Chile trabaja por la educación, pero desde un rol más de gestión”, cuenta. Para Pablo la responsabilidad con quien recibe los programas siempre lo ha movilizado. “Es súper importante que lo que hagas tenga impacto, que mueva la aguja. Esa mentalidad de que puedas ver cuánto influye tu programa en el desarrollo de quienes lo reciben, porque si no, hay que reajustarlo y hay que ser maduro para eso. Siento que mi mayor aporte en mi trabajo actual, es poder estructurar este modelo de crecimiento y escala. Cuando entré a la Corporación éramos cuatro personas, ahora somos 22 y el presupuesto se ha multiplicado por nueve. Creo que todo eso tiene que ver con crear un modelo que avanza y es ligero, que avanza, no tan rápido, pero sabiamente. Eso es algo que me pone muy feliz y que antes no se daba”, dice.

Pablo forma parte de la segunda generación de la Comunidad de Liderazgo Colunga y como parte del programa viajó a Estados Unidos para ser parte de la pasantía internacional Emerging Leaders de la Universidad de Harvard. Cuenta con honestidad que cuando le llegó la invitación “sentí conocimiento. Porque cuando vi el perfil de lo que estaban buscando y me invitaron a postular, pensé que podría no salir, porque eran personas con más experiencia que yo”, recuerda.

¿Cuál es el mayor desafío que ves en el Chile de hoy? 

Desde mi experiencia y desde donde he trabajado, creo que un desafío muy importante es que todas y todos nos sintamos, con todo lo que conlleva la palabra, parte de este país. Puede sonar bien trivial, pero para “sentirse parte”, hay que estar integrado al país y para sentirlo es necesario que las personas reciban los servicios que requieran. Para mí, el desafío más importante es poder entregar a todos los habitantes servicios y derechos dignos, de una calidad que le permita a cada uno desarrollarse en el proyecto de vida que  quiera y que ese desarrollo no dependa del origen.

¿Cómo te ha transformado ser parte de la segunda generación de la Comunidad de Líderes de Colunga? 

Para mí esta convocatoria fue un punto de inflexión para confiar en que lo que estaba haciendo iba por un buen camino y reforzar que  pueden haber liderazgos como el que yo sueño tener y al que aspiro. También me ayudó a ver dónde estoy ahora y creo que es súper sano ver qué expectativas hay sobre ti. Eso me sirvió mucho. Adquirir herramientas tan concretas como las que nos entregó el programa, son cosas que en verdad cambiaron mi trayectoria de liderazgo. Hay perillas que estoy ajustando por las herramientas que adquirí, entonces tuvo un impacto previo y también actual.

¿Cómo ha sido compartir con el grupo? 

Ha sido muy enriquecedor aprender de las experiencias de otros. Para mí es clave aprender de cosas que les pasaron a otros y cómo las solucionaron: eso aporta inmediatamente en mi desarrollo, porque no inventas la rueda, si no que partes desde más adelante. Algo que también fue súper interesante de aprender y de ver, fue darme cuenta de que los mayores temas de conversación o discusión sobre el rol de liderazgo, eran exactamente los mismos, sin importar el lugar donde cada uno está o el ámbito en que se trabaja, o la edad; es el rol el que se enfrenta a esos desafíos. Esta generación y la anterior están compuestas por perfiles que son muy potentes. Creo que si trabajamos juntos, debiésemos impactar en el sistema.

¿Cómo con estas experiencias se pueden generar cambios que se traduzcan en una mejor niñez para el país?

Quienes hemos sido parte de la Comunidad de Liderazgo Colunga tenemos la responsabilidad de compartir todo lo aprendido con la sociedad civil, con la red. Cada persona trabaja en una organización, fundación o corporación que llega a un público importante, pero también muy específico para todo el problema que hay. Entonces, para cada uno hay una responsabilidad, y una parte clave es la generosidad, compartir lo aprendido para que otras organizaciones tengan la posibilidad de aprender con nosotros y, por ejemplo, puedan implementar mejor sus programas lo que, en mi caso, tiene como consecuencia, por ejemplo, que los estudiantes, los profesores y las comunidades escolares puedan recibir programas de mejor calidad, lo que repercute directamente en su desarrollo. Creo que hay un camino lógico muy armado: con un liderazgo con una buena formación, los programas en los que trabajamos pueden mejorar y pueden potenciar más el desarrollo de los estudiantes y de las comunidades escolares.

Desde tu área, ¿cuál crees que es el desafío más importante que tenemos como país y cómo toda esta experiencia podría aportar a ello? 

El desafío más grande que tenemos en educación es que todas y todos los estudiantes tengan las herramientas para desarrollarse al máximo, sea cual sea su proyecto de vida: que tengan todas las herramientas de formación y el abanico de información para ese desarrollo. Desde mi trabajo, eso está muy ligado al reconocimiento y formación de la carrera docente, al trabajo con equipos directivos y que toda la comunidad educativa tenga un sistema que le permita aportar a este gran propósito, que es el desarrollo de vida de las y los estudiantes. Que los incluya a todos y así ningún estudiante talentoso y comprometido no reciba todas las herramientas para desarrollarse. Que todos tengan un espacio digno, con profesores bien remunerados y con una carga justa de clases. Que el equipo directivo pueda poner el foco en el aprendizaje de sus estudiantes, que no haya diferencias entre lo urbano y lo rural, por ejemplo. En resumen, que el estudiante de la comuna A y la comuna Z tenga un estándar de calidad educativa que sea superior a lo que reciben hoy.

¿Cómo te gustaría que fuera la niñez en Chile?

Sueño con una niñez que tenga sus derechos garantizados, algo que suena tan básico, pero es tan complejo, y que sean de calidad. Que sea una niñez que cuente con todas las herramientas para desarrollarse al máximo como cada una y uno quiera. Y que nunca más el origen condicione el desarrollo de una niña o niño en Chile.

“Para mí, el desafío más importante es poder entregar a todos los habitantes servicios y derechos dignos, de una calidad que le permita a cada uno desarrollarse en el proyecto de vida que quiera y que ese desarrollo no dependa del origen”.