Una buena sociedad para los niños significa una buena sociedad para todos

Publicación

04 de diciembre, 2025

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Niñez y familia
Ximena Calcagni

Con una formación como psicóloga y coach ontológica, Ximena Calcagni cuenta que, cuando estaba en el colegio, siempre participó de instancias donde experimentaba la invitación a querer cambiar el mundo. Cree que eso tiene que ver con que siempre se sintió muy querida y cuidada por su familia. “Sentir que, si yo tuve eso, me gustaría que otros también lo tuvieran, me pasa particularmente con los niños. El derecho a ser querido, cuidado, a crecer en lugares amorosos, a crecer en la belleza, tener derecho a que te quieran… Me parece que son derechos básicos para cualquier persona. Y eso hoy día no lo tenemos, ni cercanamente”, señala.

Sus experiencias laborales han estado relacionadas con organizaciones vinculadas a la niñeces, juventudes y familia. Fue Directora Ejecutiva de la Fundación San José para la Adopción, Subdirectora Nacional de la Corporación María Ayuda, Directora Ejecutiva de la Fundación Portas y actualmente es parte del directorio del Centro Nacional de la Familia Cenfa y Casa de la Paz. Hoy también es Presidenta del Consejo de Expertos del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, Mejor Niñez.

¿Cuál es tu visión acerca de los desafíos del Chile de hoy? ¿Dónde están los nudos críticos?

He reflexionado mucho sobre eso, porque vengo trabajando hace tiempo con infancia y juventudes. Las residencias son, para mí, un termómetro social. Si hoy visitas una, verás niñas y niños expuestos a violencia, muchas veces víctimas de abuso sexual y maltrato físico y psicológico, negligencias graves en el cuidado, adicciones, retraso en la escolaridad y la crisis de salud mental es evidente. Hay una enorme necesidad de afecto y contención. Creo que hay un problema profundo en nuestras familias como espacios protectores y contenedores. Hoy ese lugar afectivo está poco disponible. Las personas están muy estresadas y exigidas. Esto genera una sociedad fragmentada y más violenta. Y eso me preocupa profundamente.

¿Por dónde crees que debiésemos avanzar?

Uno de los desafíos más grandes que tenemos es recuperar una convivencia basada en el buen trato. Hemos naturalizado formas de violencia como por ejemplo los gritos, la descalificación o los insultos. Erradicar la violencia es un buen punto de partida, pero también debemos generar canales sanos para canalizar la frustración, como el deporte u otras actividades constructivas. Además, la convivencia entre generaciones se ha vuelto compleja. La sociedad ha cambiado a una velocidad que supera nuestra capacidad de adaptación. Necesitamos generar espacios de encuentro afectivo entre generaciones, entre distintas miradas del mundo. Las tecnologías también han transformado nuestras formas de convivir. Las redes sociales muchas veces generan un nivel de polarización y agresividad anónima que es brutal. Es fundamental aprender a convivir con las tecnologías y usarlas con mayor conciencia y respeto.

¿Qué te moviliza a involucrarte en temas tan complejos o poco visibilizados?

Tengo una especie de vocación por estar donde no se está mirando y por buscar soluciones. Por ejemplo, en la Fundación San José vi que nadie trabajaba con las mujeres que entregaban a sus hijos en adopción. Ahí había que estar. Creamos un área especializada, una residencia e impulsamos una modificación a la Ley de Adopción. Lo mismo pasó en Portas, trabajando con jóvenes que eran primera generación en ingresar a la universidad. Nos dimos cuenta que muchos no terminaban sus carreras. Entonces comenzamos a generar redes con universidades, colegios, familias. Siempre estoy buscando cómo articular soluciones que no se han construido. Ximena ha sido parte de la segunda generación de la Comunidad de Liderazgo Colunga. Junto a varios de sus pares, a comienzos de este año partió a EE.UU. a la pasantía Liderazgos para el siglo XXI en la Universidad de Harvard. En ese momento estaba trabajando como directora del Proyecto Estratégico Casa Alma de la Corporación María Ayuda. La experiencia de la pasantía y la Comunidad coincidieron para ella con un momento importante de cambio. “Esta experiencia me devolvió una mirada más amplia y sistémica de los desafíos de nuestra época, me abrió a la posibilidad de hacer cosas distintas, volver a estudiar, dedicarle más tiempo a la docencia, la consultoría como una forma de compartir experiencias. Ha sido una gran oportunidad”, cuenta.

¿Qué más rescatas de esta experiencia? 

Creo que ayuda muchísimo saber que hay mucha gente que estamos soñando, queriendo y trabajando cotidianamente por distintas causas, pero ninguno estamos ahí por temas económicos o de poder. Estamos porque queremos que el mundo esté mejor, real y honestamente, más allá de nuestros egos. Ser parte fue sacarnos de nuestro ámbito de trabajo específico y ver que tenemos un fin mayor. Los cambios sociales  requieren grupos de personas que soñemos y trabajemos juntos y para eso se necesita un período de conocimiento, de crear confianza. Pensar cómo hacer las cosas distintas y eso tiene que ver, primero, con el encuentro, el diálogo, con el detenerse y conocernos. En términos de herramientas, la propuesta de Harvard me dio varias concretas de trabajo, desde cómo se comprende a la organización, los problemas y las posibilidades.

¿Cómo fue compartir con este grupo? 

Cada uno es absolutamente extraordinario. Juntarnos a todos y ponernos a conversar, fue muy enriquecedor. Una de las ideas que apareció es seguir formándonos juntos. Siento que eso también une mucho: seguir aprendiendo en comunidad, aprovechando las diversas experiencias que traemos. También considero que tenemos un desafío de articularnos como grupo, con las dos generaciones de la Comunidad y ver qué se nos ocurre: qué nos gustaría, cuál es el sueño de cada uno, para después hacernos preguntas grandes: qué es lo que necesita el país hoy, qué es lo que falta, cuáles son los referentes sociales que nos están faltando.

¿Cómo crees que esta Comunidad puede generar un impacto?  

Este es un grupo de personas con valores, ética, propósito, ganas de ponerse al servicio y con sueños grandes. Siento que aquí hay una mística que a veces sentimos que está un poco perdida en la sociedad. Creo que puede generar un impacto porque son personas dispuestas a arremangarse y trabajar, que además son muy valientes en lo que hacen, muy comprometidos.

¿Qué crees que es lo que esta Comunidad podría entregarle al país?

Tiene algo que echo de menos en la sociedad en general: personas que son referentes, que están mirando más allá de los extremos y que ponen temas y grupos sociales de los que no se quiere hablar, o que son invisibles, para visibilizar ciertos temas constructivamente. Somos personas muy distintas y que trabajan en temáticas diferentes, y somos capaces de conversar, proponer, buscar puntos de encuentro para mejorar la situación de mucha gente que hoy lo está pasando mal. No son voces únicas, sino un buen coro. Le tengo muchas  fichas puestas a este espacio.

¿Qué reflexiones acerca del liderazgo te ha despertado esta experiencia? 

Creo que cualquier lugar de dirección o de liderazgo, requiere harto trabajo personal y colectivo. Si uno quiere hacerlo bien hoy en día, se necesita mucha conciencia y humildad. Reconocer que no tenemos todas las respuestas, que es necesario pedir ayuda, porque el liderazgo se construye con otros. Amigarse con los ámbitos de gestión, de planificación, de evaluación. Se requiere mucha escucha y flexibilidad.

¿Cómo crees que todas estas experiencias podrían ser un aporte para la niñez del país?

Me gustaría tratar de aportar a que todas las niñas, niños y jóvenes de nuestro país tengan derecho a vivir en un espacio amoroso, cariñoso, ser queridos, amados, cuidados y que puedan desplegarse con todas sus capacidades. Que generemos, como país, las condiciones para que cualquier niña y niño que viva en cualquier lugar, sea bienvenido, querido y cuidado, porque esa es una experiencia fundante en cualquier ser humano. Hay un arquitecto increíble y que sintetiza muy bien lo que me gustaría: Francesco Tonucci dice que una ciudad buena para los niños, es una ciudad buena para todos. Si logramos hacer ciudades amables para los niños van a ser amables para los adultos. Si se logra eso, a los adultos también nos va a llegar por añadidura. Sin duda, una buena sociedad para los niños significa una buena sociedad para todos.

“Que generemos, como país, las condiciones para que cualquier niña y niño que viva en  cualquier lugar, sea bienvenido, querido y cuidado, porque esa es una experiencia fundante en cualquier ser humano”.